Para sentarse en la conferencia de la paz en Mérida, solicitó una agenda con los puntos a discutir. Sobre las barricadas, dijo: “No las estoy justificando, es un hecho, una realidad que allí está”. Pidió que haya reconocimiento de “la otra parte”.
Además, en esa carta pública opinó que el uso de las barricadas era una acción de protesta y defensa de las ciudadanas y los ciudadanos “por las agresiones tanto de la Policía y de la Guardia Nacional, como de los colectivos”, todo respaldado por “videos y testimonios”.
En la sede del Palacio Arzobispal, frente a la plaza Bolívar de Mérida, el representante de la Iglesia católica romana en el estado concedió el pasado 18 de marzo una entrevista al Correo del Orinoco para hablar sobre la actual situación del país. Cabe destacar que el viernes, finalmente, se instaló la conferencia.
-¿Mantiene su postura frente a la conferencia de la paz?
-Sí, es necesario dialogar, buscar una solución, pero debemos superar la cultura del espectáculo. Ir a una reunión en blanco, transmitida por medios de comunicación, no conduce a nada, ni tiene sentido, ni trascendencia. Y la reunión en Mérida fue eso: una asamblea plebiscitaria y las pocas personas que fueron y no eran del gobierno recibieron insultos. No es la manera para una reunión pública.
-¿Cómo lo plantearía usted?
-Primero, debe haber alguien de allá y otro de acá para decir de qué se tratará. El Gobierno debe dar señales de que realmente quiere buscar la paz. Lo primero es reconocer que la otra parte existe, tanto quienes están a favor de él como quienes tienen disidencia con este. Todos somos parte del país. Hay una crisis y se deben examinar sus elementos y corregirla. No es adecuado exaltar los muertos sólo de un lado, ya que todo son seres humanos.
LA BARRICADA “NO SE SOLUCIONA” QUITÁNDOLA
Monseñor Porras consideró que hay “represión” de los cuerpos de seguridad en las zonas de barricadas y esta actitud no favorece la paz, así como tampoco la ayuda hacer un desfile cívico-militar “para decir que la Fuerza Armada está con el gobierno”, ya que su función es defender a la población. “Vemos mensajes de odio y, si se llama a la paz, dicen que debe ser de esta manera. Eso exacerba los ánimos para crear dos extremos, fanatizar un sector de la población y en el medio está la inmensa mayoría que siente que se deben dar cosas”.
Pidió, además, bajarle la violencia al discurso político, ya que cuando se montan tarimas frente al Palacio Arzobispal, que se encuentra ubicado diagonal al Palacio de Gobierno, lo insultan: “Con esos discursos incendiarios uno queda con el espíritu revuelto y se pregunta: ¿qué se consigue con eso? Estamos entendiendo la política como quién grita más, puede más, insulta más y no le pasa nada. Eso no conduce a nada, agria el corazón”.
-Ha dicho que se usan las barricadas para la gente protegerse. Hay media ciudad de Mérida a pie, porque no hay transporte público en esas zonas o la gente no puede sacar sus carros. ¿No podría la Iglesia prestarse para levantar ese modo extremo de cerrar las vías, que impide la entrada de alimentos?
-Eso es una parte. Uno podría prestarse, pero el Gobierno qué ofrece.
-¿Entonces podría plantearse la Iglesia ayudar a levantar las barricadas con el gobierno?
- No solo es levantar la barricada, porque hay quienes dicen que la levanten y otros que no. ¿Por qué no? Esa es la pregunta que debe responder el gobierno.
-¿Usted justifica las barricadas?
-No las estoy justificando; es un hecho, una realidad que allí está. El problema no se soluciona con quitarlas, sino preguntar por qué las pusieron y dónde está el gobierno para dar una respuesta. No puede ser unilateral.
-Sin embargo, es una situación extrema…
-No la califiquemos de extrema. Toda manifestación molesta. Hay situaciones que pueden incomodar a unos y no a otros, hay que evitar llegar a los extremos y decir que se estaba preparando un golpe de Estado.
-¿No cree que esté en marcha un golpe suave, como dice el gobierno?
-No creo, a primera vista, que la gente que esté en esas urbanizaciones se encuentre en un golpe de Estado. ¿Quién dirige esto? Hay libros escritos que dicen cómo actúan gobiernos del corte que tenemos.
-¿Cómo es el gobierno “del corte que tenemos”?
- Un gobierno del tipo que tira más al totalitarismo, que no permite que las otras partes tengan las mismas libertades que tiene él y que siempre hay que echarle la culpa de lo que pasa a otros. Como ya han pasado 15 años y no pueden culpar al gobierno anterior, le echan la culpa al imperio o a quienes están conspirando. Uno le pregunta a la gente: ¿usted está conspirando? No, yo estoy pidiendo que haya seguridad, abastecimiento, libertad.
-¿La oposición es totalmente santa?
-No, en absoluto. esto no es una película de vaqueros: aquí están buenos y allá los malos, todos somos grises. Y hay que reconocer las virtudes y defectos que todos tenemos.
-¿La oposición debe sentarse a dialogar?
-Sí, pero no puede ser en el espectáculo.
-Pero el sector económico del país sí se sentó y se ha llegado a acuerdos.
-Hay que ver si esos acuerdos son válidos y estables, porque uno de los problemas más graves del país es que no hay seguridad jurídica, debe haber reglas claras.
-¿Ha visitado las barricadas?
- No he ido a las barricadas, pero van los sacerdotes.
-¿Planifica visitar las barricadas?
- De momento, no.
-¿Mantendrá su postura de no sentarse a dialogar?
-No he dicho que no me siento a dialogar, sino que exijo para dialogar una agenda de trabajo de lo que vamos a tratar, que sea conversada.
NO VINCULA LAS GUARIMBAS CON “LA SALIDA”
-El presidente Maduro asistió al funeral de un guardia nacional asesinado en Aragua cuando levantaba una barricada; él estaba desarmado y le dieron un tiro en la frente. Con él han muerto cinco. ¿No cree que ha habido una satanización de la Fuerza Armada? ¿Considera que todas las protestas son pacíficas si hay evidencias de personas armadas allí?
-La protesta pacífica en un derecho civil, no se puede satanizar y decir que protestar en contra del gobierno es estar detrás del imperio o preparando un golpe de Estado. Eso es sacar las cosas de quicio. ¿Por qué se permiten unas manifestaciones y otras no? Al no ser equitativos genera violencia. La policía y la Guardia Nacional usan escafandras, como si estuviéramos en un frente de guerra. Surgen bandas motorizadas armadas que responden a órdenes de quién. Que pueda haber de esta otra parte gente o infiltrados que estén armados, es muy posible y hay que averiguarlo.
-No las estoy justificando; es un hecho, una realidad que allí está. El problema no se soluciona con quitarlas, sino preguntar por qué las pusieron y dónde está el gobierno para dar una respuesta. No puede ser unilateral.
-Sin embargo, es una situación extrema…
-No la califiquemos de extrema. Toda manifestación molesta. Hay situaciones que pueden incomodar a unos y no a otros, hay que evitar llegar a los extremos y decir que se estaba preparando un golpe de Estado.
-¿No cree que esté en marcha un golpe suave, como dice el gobierno?
-No creo, a primera vista, que la gente que esté en esas urbanizaciones se encuentre en un golpe de Estado. ¿Quién dirige esto? Hay libros escritos que dicen cómo actúan gobiernos del corte que tenemos.
-¿Cómo es el gobierno “del corte que tenemos”?
- Un gobierno del tipo que tira más al totalitarismo, que no permite que las otras partes tengan las mismas libertades que tiene él y que siempre hay que echarle la culpa de lo que pasa a otros. Como ya han pasado 15 años y no pueden culpar al gobierno anterior, le echan la culpa al imperio o a quienes están conspirando. Uno le pregunta a la gente: ¿usted está conspirando? No, yo estoy pidiendo que haya seguridad, abastecimiento, libertad.
-¿La oposición es totalmente santa?
-No, en absoluto. esto no es una película de vaqueros: aquí están buenos y allá los malos, todos somos grises. Y hay que reconocer las virtudes y defectos que todos tenemos.
-¿La oposición debe sentarse a dialogar?
-Sí, pero no puede ser en el espectáculo.
-Pero el sector económico del país sí se sentó y se ha llegado a acuerdos.
-Hay que ver si esos acuerdos son válidos y estables, porque uno de los problemas más graves del país es que no hay seguridad jurídica, debe haber reglas claras.
-¿Ha visitado las barricadas?
- No he ido a las barricadas, pero van los sacerdotes.
-¿Planifica visitar las barricadas?
- De momento, no.
-¿Mantendrá su postura de no sentarse a dialogar?
-No he dicho que no me siento a dialogar, sino que exijo para dialogar una agenda de trabajo de lo que vamos a tratar, que sea conversada.
NO VINCULA LAS GUARIMBAS CON “LA SALIDA”
-El presidente Maduro asistió al funeral de un guardia nacional asesinado en Aragua cuando levantaba una barricada; él estaba desarmado y le dieron un tiro en la frente. Con él han muerto cinco. ¿No cree que ha habido una satanización de la Fuerza Armada? ¿Considera que todas las protestas son pacíficas si hay evidencias de personas armadas allí?
-La protesta pacífica en un derecho civil, no se puede satanizar y decir que protestar en contra del gobierno es estar detrás del imperio o preparando un golpe de Estado. Eso es sacar las cosas de quicio. ¿Por qué se permiten unas manifestaciones y otras no? Al no ser equitativos genera violencia. La policía y la Guardia Nacional usan escafandras, como si estuviéramos en un frente de guerra. Surgen bandas motorizadas armadas que responden a órdenes de quién. Que pueda haber de esta otra parte gente o infiltrados que estén armados, es muy posible y hay que averiguarlo.
-A las familias de todos los muertos les diría que eso no puede ser y que el gobierno debe garantizar las condiciones para que no se genere. A estas alturas me pregunto si las protestas por la violación y muerte de la estudiante en San Cristóbal no hubieran sido satanizada y no se hubieran trasladado a esos estudiantes detenidos a Coro, ¿esto hubiera pasado? Esa fue la mecha que hizo estallar un conflicto que, si se hubiera manejado de una forma más racional y pacífica por el Estado, hubiera hasta pasado desapercibido.
-Hubo un llamado el pasado 23 de enero de María Corina Machado y Leopoldo López para instar a “la salida” del presidente Maduro y llamaron a la gente a la calle, tal cual ocurrió el 23 de enero de 1958. ¿Está de acuerdo con esa postura? ¿Piensa que las barricadas se vinculen con este llamado?
-Es una responsabilidad de ellos y creo que como políticos hay que preguntarles por qué lo hicieron o no. Yo no veo, y se lo he escuchado a políticos avezados, que haya una conexión directa entre ese llamado y lo que pasó en San Cristóbal, que vino a ser el detonante, lo que desencadenó todos los demonios que puedan existir dentro del corazón humano.
Monseñor Porras cuestionó que se haya militarizado la avenida Andrés Bello, en Mérida, “con armamento de guerra. ¿A quién le van a disparar?”, se interrogó.
-En la Andrés Bello y otras zonas se han presentado situaciones irregulares, como la quema de las sedes del Ministerio del Ambiente, Inparques y cuatro bancos.
-Es verdad, pero ¿quién quemó la alcaldía? ¿quién se metió en las residencias Cardenal Quintero, Monseñor Chacón y la Humboldt? Hay videos donde se ven uniformados que rompen y queman vehículos. ¿Qué puede ser un montaje? Hay que averiguarlo.
-¿No cree que haga falta militarizar algunas zona álgidas donde ha habido hechos de violencia, como el incendio de instituciones públicas?
-Pero se deben abrir averiguaciones, agarrar a quienes lo hicieron y no simplemente criminalizar el otro lado.
METODOLOGÍA PARA EL DIÁLOGO
Según monseñor Porras, la conferencia de la paz, planteada por el Gobierno Nacional “no es una mesa de diálogo, sino un espectáculo público”.
-Ha habido líderes de la oposición que apuestan al diálogo y han dicho que no hay que poner condiciones, sólo se sientan y se van planteando los puntos. ¿Qué piensa?
-Una cosa es poner condiciones y otra cosa es poner agendas. No pongo ninguna condición, pero sí una agenda. ¿Nos sentamos a qué? No se trata de ver cómo montamos un espectáculo a ver quién gana o ir a un circo para ver quién queda mejor parado, quién insulta más al otro, quién sale regañado. La metodología es importante en todo.
-¿Usted cree que son protestas pacíficas las que hay en Mérida?
-Hay muchas protestas pacíficas que han sido maltratadas y generan lo otro. Lo que no puede haber es que no haya derecho a protestar.
-¿Cree que no hay derecho a protestar?
-Pues sí, uno de los problemas más graves es que se criminaliza la protesta.
-El mensaje que envió el papa Francisco habla de no escatimar esfuerzos para fortalecer una reconciliación nacional a través “del perdón mutuo y el diálogo sincero”, e insta a los responsables políticos y a las instituciones a que se sumen a esa tarea. ¿La Iglesia católica, como institución social, cómo se suma a esa tarea?
-Hay que ver los esfuerzos que está haciendo la presidencia de la Conferencia Episcopal por encontrar caminos de diálogo, pero ¿con quién se habla? Queremos buscar el bien de todos, que vivamos como hermanos, en paz. El Papa ha dicho que no hay que sentir que no hay nada imposible. La paz es posible, pero pasa por la justicia, el perdón y, si no hay perdón y reconciliación, es imposible que haya paz. La vida humana está por encima de cualquier otro valor o principio, así esté vestido de rojo, blanco, amarillo o de azul, porque no vale el color que tiene afuera, sino la vida y la condición de ser humano.
-¿Cuál es el punto de equilibrio para que todos se sienten a dialogar en Mérida?
-No voy a ninguna reunión sin saber a qué voy y con quién me voy a sentar. Me tocó instalar la primera mesa de diálogo cuando era presidente de la Conferencia Episcopal en los años 2001, 2002 y 2003, y no quedó en nada, porque se deja que cada quien hable, dé un discurso bonito, porque lo están transmitiendo por televisión y radio, y así quedar bien con su gente. El problema no es decir si el gobierno o la oposición tienen razón, hay que ver cuál es el problema, ¿hay o no problemas? Si hay algún enfermo, hay que buscarle solución a esa enfermedad, no tomar la actitud si el culpable eres tú o yo. Debemos ver cuál es el problema y a quién debemos servir.
EN SEMANA SANTA “HAY QUE ATEMPERAR LOS ESPÍRITUS”
Monseñor Baltazar Porras, arzobispo de Mérida, llamó durante la Semana Santa a vivir “la triple realidad”, enfocada en tener un sentido de la limosna, de la oración y del servicio, ya que “mi acercamiento a Dios no está en mí, sino en el prójimo, debemos convivir juntos, no están primero mis necesidades”, sino las de los otros.
“La oración es una fuerza que no viene de nosotros, sino desde afuera, hay que dar razón de eso con las obras de servicio y por eso tenemos la campaña Compartir”, expuso.
-¿Qué mensaje daría en esta Semana Santa a esas personas que han caído en la violencia política con su prójimo, incluso con sus vecinos?
-Hay que atemperar los espíritus y tener una serenidad de alma. Eso no le vino a esa gente porque sí, sino porque está azuzada por tantos mensajes de odio, de “no volverán”, como si nadie más tuviera cabida. Debemos abrirnos a una gran cualidad del pueblo venezolano de poder convivir con quien piensa distinto. No se pueden sembrar vientos, porque se recogen tempestades. Hay mil cosas que nos han separado, entonces debemos construir un camino entre todos de respeto, ayuda mutua y servicio de los uno con los otros.
LA PAZ SE DEBE BUSCAR “A TRAVÉS DE LA JUSTICIA” Y EL PERDÓN
En el comunicado emitido el 6 de marzo, en el cual monseñor Baltazar Porras, arzobispo de Mérida, exponía los puntos por los cuales no asistiría a la conferencia de la paz en el estado, expuso que era “imperativo de todos buscar la paz, a través de la justicia, para abrir caminos a la reconciliación, el perdón y el trabajo en común”.
También exponía un caso de violencia en la misa de las 6:00 pm en la iglesia de Santa Bárbara de Mérida para conmemorar el miércoles de ceniza, en la cual “irrumpió durante la celebración un grupo armado y encapuchado”, pero, en vista de que el cura pidió la calma de las y los feligreses, estas personas “salieron, hubo tiros al aire y junto con otros motorizados causaron daños en negocios cercanos a la iglesia”. Calificó estos “colectivos” como “paramilitares civiles” que se asemejan más a bandas de delincuentes “amparadas en la impunidad e inoperancia de la fuerza pública y del poder moral”.
En el punto ocho, monseñor Porras escribe que la Iglesia y sus representantes clericales están “abiertos” a colaborar para lograr la paz, pero quienes gobiernan deben dar muestra de igualdad “con hechos concretos, no con instancias etéreas” que ayuden a las divisiones.

















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